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Feria cubana del libro, un proyecto ecuménico esencialmente popular, 19 de enero de 2011

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Feria cubana del libro, un proyecto ecuménico esencialmente popular
La Habana, Cuba, 19 de enero de 2011
Fuente: Prensa Latina - Agencia Informativa Latinoamericana

La Feria Internacional del Libro de La Habana 2011 (FILH) llegara a su vigésima edición,del 10 al 20 de febrero próximo, en medio de una coyuntura marcada por la crisis económica mundial.

Pese al impacto de ese fenómeno en Cuba, el Estado se empeña en fortalecer lo que se ha convertido en el suceso cultural más importante del último decenio. Este año la FILH extenderá su sede a diversos puntos de la capital, con una mayor presencia de la literatura latinoamericana y caribeña, de cuerdo con su homenaje a las culturas de los pueblos de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA), a los que está dedicada.

En extrevista exclusiva concedida a Prensa Latina, la presidenta del ICL y del comité organizador de la FILH, Zuleika Romay, habló sobre el tema y también sobre los desafíos que enfrenta el Instituto Cubano del Libro (ICL) y las estrategias previstas para impulsar y elevar el hábito de lectura en los cubanos.

-Se impone un balance tras 19 ediciones. ¿Hasta dónde se han cumplido los objetivos iniciales de la feria?

-En su edición de 1982, la feria trató de retomar la tradición instaurada por Alejo Carpentier con el I Festival del Libro y la Literatura, en los inicios del proceso revolucionario en la isla, para acercar estos al público no solo desde una cercanía inmediata sino también desde la interacción lector-autor o con el promotor conocedor de la obra, que traslada a las personas sus principales valores, sus esencias.

Como proyecto cultural, la feria ha demostrado su éxito y fortaleza en la misma medida en que ha crecido en lectores, expositores, espacio y, sobre todo, público. La nuestra es una de las más masivas de América y una de las más diversas, además de un evento al que la gente acude con una actitud abierta al divertimento, pero también al conocimiento.

Aunque constituye un gran espacio comercial -el año pasado solo en La Cabaña, su sede principal, las editoriales cubanas vendieron más de cuatro millones de pesos en moneda nacional- no tiene la impronta mercantilista de los eventos del libro en casi todas partes del mundo, donde cada vez hay más vendedores y menos público, cada vez menos sincronía, menos equilibrio entre el vendedor y el público.

La FILH es un evento comercialmente exitoso pero, sobre todo, un proyecto cultural sólido, ecuménico y esencialmente popular.

-La FILH debe ser también una plataforma para promover a los escritores y la literatura cubanos, no solo en el país sino en el extranjero. ¿En qué medida ha sido posible?

-Hemos fortalecido mucho su dedicación u orientación hacia el lector cubano. Varias decenas de editoriales nacionales y la industria poligráfica se preparan desde un año antes y garantizan un surtido muy amplio para los cubanos y no cubanos que concurren a ella.

De la misma forma, los expositores de todas partes del mundo tienen la posibilidad de poner una obra disfrutable en manos del lector de la isla, que es informado, nada inocente ni prejuiciado, que no está conformado por los parámetros mercantilistas de la industria editorial predominanante. Los buenos editores disfrutan cuando se encuentran con buenos lectores.

Sin embargo, pienso que no hemos aprovechado lo suficiente la feria como ventana abierta a un lector extranjero que pueda acercarse al libro físicamente o a través de la noticia. Nuestra feria no es todavía un evento que convoca a lectores o distribuidores extranjeros. Dbería serlo, sobre todo porque se celebra en un período de alza turística en Cuba. Tenemos que fortalecer esa vertiente de trabajo, hoy todavía débil.

-Hay una institución, el Observatorio del Libro, que funciona desde hace algún tiempo. ¿Tienen resultados concretos de los estudios que realiza?

-El Observatorio del Libro fue creado hace dos años con un reducido grupo de especialistas -no llegan a la decena-, con una formación orientada hacia la investigación social y el análisis y la crítica literaria.

En apenas dos años, han logrado mejorar las estadísticas culturales asociadas al libro y, a partir de un trabajo de consolidación de los datos generadas por decenas de instituciones, han diseñado modestos estudios de comportamiento del público lector.

El ICL, desde hace varios años, aplica una encuesta en la FILH en busca de los elementos más sobresalientes (por qué la gente acude al recinto ferial; cómo distribuye su tiempo durante la permanencia en la feria; cuáles son los libros y autores más notorios; qué expectativa de lectura tiene en términos de géneros literarios y temáticas), pero no es todavía un estudio que trata de evaluar el comportamiento frente al libro.

En la 19 edición diseñamos un instrumento que profundiza no solo en lo que las personas hacen en la feria, sino en sus hábitos con relación al libro en la vida cotidiana. Hicimos un primer procesamiento de ese estudio, publicado en el anuario del Centro Regional para el Fomento del Libro en América Latina y el Caribe (CERLALC, por sus siglas en portugués), institución que investiga, promueve, difunde y estimula las políticas del libro. Ese mismo estudio -aún limitado por ceñirse al lector capitalino- se publicará en las memorias de la FILH 2011.

Cada año preparamos un tomo con las memorias del evento y desde esta vigésima edición, la mitad del volumen se dedicará a reflejar los acontecimientos, mientras que la otra mitad abarcará estudios, investigaciones y análisis sobre políticas del libro, hábitos de lectura, resultados comerciales. O sea, que ya este año vamos a ver publicada, para los cubanos, la primera investigación realizada por el Observatorio del Libro.

Ese estudio tendrá, por primera vez, alcance nacional, con la aplicación del cuestionario en las 16 ciudadeas que serán sedes en la segunda etapa de la cita..

-La Habana aspiraba a erigirse en 2011 Capital Mundial del Libro. Había gran expectativa con esa candidatura. ¿Qué sucedió?

-Muy simple, no obtuvimos esa distinción. La Capital Mundial del Libro en 2011 es Buenos Aires. Ellos harán toda la celebración asociada a ese reconocimiento en su Feria del Libro, entre abril y mayo, porque es un evento de larga duración. Nosotros mantenemos vivas nuestras aspiraciones porque esa condición es un reconocimiento de la UNESCO a un trabajo sostenido.

Pensamos que La Habana, en representación de Cuba, tiene muchos resultados que mostrar en la promoción del libro y la literatura, en la relación de autores y lectores, en la manera en que el libro y la literatura se integran con otras manifestaciones del arte y la cultura. Aspiramos a ganar en 2013 a esa condición, vamos a luchar por obtenerla.

-Eso requeriría un trabajo promocional del libro en la plaza, lo que se ha venido haciendo con las jornadas de lecturas en el Malecón, en el Prado, en la Calle 23 una labor meritoria. ¿Continuarán esas actividades?

-Lograr que el libro sea un componente importante en los bienes que una familia atesora y aprecia implica una sistematización del contacto de personas de todas las edades con el libro y eso hay que materializarlo con actividades masivas como las que se vienen ejecutando durante los últimos años.

También requiere un funcionamiento más dinámico de las decenas de espacios que funcionan en el país con ese propósito. Hoy en La Habana se habla del Centro Loynaz -que tiene una extraordinaria programación-, de nuestros Sábados del Libro, de las jornadas del Autor y su Obra. Todas las provincias tienen varios espacios dedicados a la promoción.

Lo otro que tenemos que atender son los llamados preceptores, las personas que aconsejan cuáles son los buenos libros, cuáles los buenos autores. Ellos son los maestros -en primer lugar-, los bibliotecarios, los libreros. Tenemos que hacer esfuerzos importantes por incrementar nuestro nivel de intercambio con esas personas.

-Percibo una falta de atención al librero como promotor esencial y directo del libro. ¿Se han trazado alguna estrategia para revertir esa situación?

-Tenemos que trabajar en dos sentidos: uno, visualizar la librería como un espacio recurrente para el público lector porque ¿qué ocurre en el mundo contemporáneo?. Va ocurriendo -y eso lo notamos en nuestros hijos- una capacidad de simultanear actividades que requieren de actitudes diferentes. Hoy un muchacho puede estar frente a su computadora jugando y escuchando música y, si suena el teléfono o se habla cerca de él, también está pendiente de lo que se conversa.

Entonces queremos que una librería de hoy sea atractiva para los lectores y no solo un espacio para vender libros. A partir de nuestros muy modestos recursos, estamos tratando de que algunas de ellas diversifiquen sus servicios con préstamos de libros y películas, mediante una suscripción mensual asequible, áreas de lecturas en la red que permitan la consulta de bibliotecas virtuales y descargas de libros. O también un servicio de localización de libros publicados hace siete u ocho años.

La otra vertiente es capacitar a los libreros en varios sentidos. Hay una capacitación formal, la que se logra cuando se organizan los encuentros de libreros y vienen personas de experiencia a dictar conferencias.

O sea, tenemos que fortalecer la capacitación formal, usando incluso las nuevas tecnologías, la televisión.

Nos ha faltado pensar en la capacitación del librero con más integralidad y con más diversidad, porque ese mismo librero es el que ve nuestras malas películas, el que recibe la influencia propagandística de tal o más cual novela, que es un desastre pero que vendió millones de ejemplares; ese puede ser hasta el mismo librero que ya no tiene 50 años, sino 28, que creció sin tener en sus escuelas una buena Biblioteca Escolar y que ha llegado a esa profesión con carencias culturales y quizás hasta sin el hábito inveterado de la lectura.

Cuando a una persona a quien le gusta el oficio de librero llega a una librería con esas carencias, a institución tiene que buscar la manera de ejecutar acciones compensatorias, porque ese librero es el que va a orientar al lector potencial.

-Por ser esta la edición número veinte de la FILH, ¿cuáles son sus singularidades?

-Una de ellas es que contará 10 sedes en la capital. Hemos querido que esta edición se caracterice por un programa muy amplio y diverso, y hemos tropezado con un obstáculo físico que es la imposibilidad de las instalaciones del Parque Morrro-Cabaña de dar cabida a un programa de ese tipo. Como, además, la convocatoria es tan inclusiva, coinciden la necesidad y el pretexto para extendernos más allá de esos predios.

Vamos a desarrollar en el céntrico Pabellón Cuba, en la barriada del Vedado, un programa principalmente orientado a los jóvenes; en la Casa del ALBA habrá una fuerte presencia de las culturas invitadas, algo que compartirá en intención la Casa de las Américas con mayor amplitud -por toda la experiencia de esa institución-, centrado en las culturas del Caribe, del cual formamos parte y que son tan diversas, desde la propia lengua.

Se suman las instituciones martianas (Centro de Estudios Martianos; Sociedad Cultural José Martí; Memorial José Martí; Biblioteca Nacional) para dar soporte y espacio a las actividades relacionadas con la conmemoración del Bicentenario de la Independencia de América, imposible pensarlo sin Martí que fue, en el orden intelectual y político, el mejor continuador de la obra de Bolívar.

Esta será una feria más intensa, con un programa más diverso y con más oportunidades.

-El libro es un producto que se comercializa y existe una crisis económica mundial a la que Cuba no escapa. ¿Cuáles han sido las estrategias del Instituto Cubano del Libro para sortear ese escollo?

-A partir de una mejor administración de nuestros recursos económicos, este año estamos previendo que el alcance de un libro no se sobredimensione por el género literario, la jerarquía intelectual del autor, y la mayor o menor especificidad de su contenido. No debemos seguir produciendo 10 mil ejemplares de un libro que probablemente no tenga seis mil lectores. Esa es una primera medida de racionalidad: ajustar muy bien las tiradas para no tener que renunciar a ningún título.

La feria tendrá en oferta casi medio millar de títulos más que en la edición anterior. Eso se logra con una voluntad política del país, que ha mantenido el mismo nivel de producción de libros para la feria que el año precedente, aun cuando existen problemas de liquidez para garantizar alimentación, salud, educación, transporte, etcétera.

El hecho de que tengamos ahora el mismo nivel de producción de libros, ya lo dice casi todo. Sabemos que hay una gran ansiedad en el país por la literatura científico-técnica y especializada, y existen en los almacenes de los ministerios de Educación, de Salud Pública, de Educación Superior, del Instituto Nacional de Deportes, Educación Física y Recreación libros que en un momento de desarrollo se dedicaron a la docencia, y después fueron trascendidos por la práctica pero son útiles y pueden tener otro destinatario.

El ICL se ha puesto de acuerdo con esos organismos de la administración central del Estado para evaluar cuáles títulos pueden extraerse de los almacenes y ponerse a disposición de los lectores. Por otra parte, existen regulaciones que nos permiten aplicar rebajas los precios a partir de la antigüedad de los libros.

Este año, en una nueva revisión -que siempre se hace- estamos rebajando el precio a más de dos mil de los 10 mil títulos existen en almacenes y librerías (o sea, la quinta parte de los existentes en la red comercial) en función de los años de publicados y, en algunos casos, de su estadp material, porque un título impreso en papel gaceta, para que llegue a la mayor cantidad de personas posible, no puede permanecer 10 años en un almacén.

En esa combinación de las novedades editoriales, libros en existencia y de otros diseminados en diversos organismos, colocaremos unos dos mil 500 títulos en la feria, sin contar los de editoriales foráneas.

ag/pqj